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El sendero de Oregón, parte 1: descubriendo Portland y el río Columbia
Guías para viajar barato

El sendero de Oregón, parte 1: descubriendo Portland y el río Columbia

Por David Szmidt
8 min de lectura
8 02 DIC. 2022

Portland y alrededores te ofrece un ambiente agradable, dinámico y artístico, pero esconde también unos increíbles paisajes y un montón de sorpresas

¿Por qué Portland? Esta pregunta se ha formulado tantas veces que podría ser el eslogan de la oficina de turismo local. Solo llevaba allí unos días, pero ya me fascinaba que a la gente le sorprendiera tanto averiguar que yo no era de allí. La pregunta tiene lógica, pero solo se me ocurre una respuesta: ¿por qué no? Fui a visitar a mi amiga Maddy para hacer una escapada juntos, y también tenía un día guardado para ver Seattle, donde me esperaba otra amiga y un interesante tour subterráneo . Así que no me faltaban motivos para ver Portland.

Cómo librarse del jet lag

El primer obstáculo, como ocurre siempre en estos viajes, era el jet lag , pero lo tenía todo más que pensado. Era un viaje largo que empezaba levantándome de madrugada para ir al aeropuerto de Praga y hacer escala en Londres. Un trayecto de 22 horas, nada menos. Al llegar, sobre las 18:30, Maddy me recogió en el aeropuerto (¡holaaa!) y me acompañó a dejar mis trastos al Airbnb, pero volvimos a salir de inmediato. La idea era que me mantuviera despierto hasta las 22:00, más o menos, para dormir unas 12 horas del tirón y levantarme fresco como una lechuga al día siguiente. Sin embargo, el destino tenía otros planes y acabamos en un bar donde acababa de empezar un concurso de preguntas. ¿Quién se iba a resistir? Un par de cervezas después y con 24 horas sin dormir a mis espaldas, me vi murmurando todas las respuestas como si estuviera poseído por el espíritu del Trivial («Fiyi», «la batalla de las Árdenas», «Damon Hill», «1986»). Entretanto, Maddy se comía con parsimonia un bocadillo mirando al vacío, quizás reconociendo en su fuero interno que había cometido un terrorífico error.

Portland

Rose bushes at Portland Rose Garden — David Szmidt Portland también se conoce como «la ciudad de las rosas» — David Szmidt

Por suerte, mis planes tenían su razón de ser y conseguí levantarme a una hora decente. Fresco como una lechuga no estaba, pero sí tenía muchas ganas de hacer cosas. Maddy, como de costumbre, se había tomado la molestia de hacer una lista de sitios que visitar en la zona, así que empezamos por el Rose Garden. Un paseíto por el precioso y cuidado parque fue el golpe de aire fresco que necesitaba para despejarme, y me recordó también por qué a Portland se la conoce también como «la ciudad de las rosas». David lounging on luxurious sofa at Pittock Mansion — David Szmidt David acomodándose en Pittock Mansion — David Szmidt Luego pusimos rumbo a Pittock Mansion. Nunca había estado allí (evidentemente) y desde fuera no me pareció una visita muy prometedora, sino más bien una gran casona de principios del siglo XX. Me equivocaba. La mansión fue construida por el magnate del sector editorial Henry Pittock y no solo cuenta la historia de su familia, sino de toda la ciudad de Portland. La familia Pittock y su enorme influencia, su labor filantrópica y toda su vida y obra se entremezclan con la época en que Portland pasó de ser un pueblo junto al río a la mayor ciudad del estado de Oregón . Las habitaciones tienen una meticulosa decoración y unos carteles muy informativos, pero lo suficientemente breves como para no abrumarte con información. Fue una visita excelente, y desde aquí felicito a quienes la hicieron posible. Street view of Zeus Cafe in Portland — David Szmidt Aunque McMenamins sea una cadena de restaurantes, cada local tiene su propia personalidad — David Szmidt

Luego nos fuimos al centro para comer en McMenamins. O mejor dicho: a uno de los locales de McMenamins, ya que son toda una institución en la costa norte del Pacífico estadounidense. Se trata de una compañía cervecera fundada en 1983 que acostumbra a comprar pubs, hoteles, restaurantes, salas de conciertos y locales en horas bajas y a rebautizarlos como miembros de la familia McMenamins. Cada local está decorado en función de la historia de la zona, la cerveza es una delicia y todo tiene un precio razonable. (Como referencia, ese día comimos en el Zeus Cafe en el Crystal Hotel , y cerca de mi alojamiento estaba el Barley Mill Pub donde me tomaba una cerveza de vez en cuando). Con el estómago lleno y la fascinación por descubrir que me gustan los huevos «al punto» (¡primera noticia!), nos echamos a andar cuesta abajo para hacer una visita a Powell’s City of Books . Al llegar, entendimos que su nombre no se queda corto: ¡es como una ciudad en sí misma! Los libros, tanto nuevos como de segunda mano, campan a sus anchas distribuidos en tres plantas que ocupan prácticamente un bloque de edificios entero. Deambulamos sin rumbo entre miles de tomos durante un rato, aunque la oferta era tan amplia que acabé decantándome por una camiseta corporativa de Powell’s en la que aparece un zorro sentado sobre una pila de libros . ¡Chulísima! View down St. John’s Bridge in Portland — David Szmidt Cruzando el St. John’s Bridge — David Szmidt Luego empezamos a tomar el camino de vuelta, dando un pequeño rodeo para ver el St. John’s Bridge. Lo cruzamos y nos acercamos al Cathedral Park para hacer unas cuantas fotos del puente. Cuando ya habíamos contemplado su majestuosa presencia durante un rato, decidimos retirarnos a descansar.

La garganta del río Columbia

La idea que teníamos para esta jornada era coger un poco el coche e ir parando en varios sitios para disfrutar de las vistas, comer, visitar lugares de interés en la zona y descubrir el mundo de los peces locales. View of the Columbia River Gorge from Cape Horn — David Szmidt Las vistas espectaculares desde Cape Horn — David Szmidt

Cuando salimos de la ciudad, hacía un sol espléndido y el humo de los incendios de la zona empezaba por fin a disiparse. (Estos incendios, impropios de esta época del año, habían copado todas las conversaciones de los últimos días y despertado gran preocupación entre la gente local. Por lo general, las lluvias ya los habrían apagado, pero este año parecía ser otro terrible ejemplo de que el cambio climático está… quizás no normalizado, pero sí extendido ante la impotencia de quienes se ven afectados). Intentando no sumirnos en la desesperanza ante la tragedia ambiental, nos dirigimos al noreste y entramos en el estado de Washington (¡uno más para la lista!) y al mirador de Cape Horn. A medida que la autovía iba girando hacia la izquierda, empezaron a desplegarse ante nosotros unas vistas increíbles y decidimos parar al pie de la carretera para contemplar el río. En realidad, quería seguir la ruta despatarrado en el coche escuchando John Denver a todo trapo, pero todavía quedaba mucho camino y llevaba acompañante, así que opté por comportarme. Un poco más tarde, paramos a comer en el condado de Skamania (¿a que es un nombre chulo?) y en una tranquilísima localidad junto al río, Stevenson. Clark and Lewie’s es un restaurante frente al agua con un patio de madera y una buena selección de cervezas locales, bastante conocido por la zona. Bridge of the Gods — David Szmidt El puente de los dioses — David Szmidt Después de reponer fuerzas, seguimos avanzando con la intención de cruzar el río por el Bridge of the Gods, el «puente de los dioses». El nombre lo dice todo, igual que su imponente estructura: un complejo entramado de tubos metal que data del año 1926. Maravillados por las vistas, giramos y empezamos a tomar el camino de vuelta al oeste para recorrer el tramo del río que atraviesa Oregón. Al cabo de unos cuantos kilómetros, nos topamos con el criadero de peces Bonneville Fish Hatchery. Esto quizás no me lo esperaba, pero acabó siendo una experiencia de lo más auténtica. Es esa clase de sitios que atrae a familias con niños llamados Bobby y Ed Jr., que siempre andan con el pelo revuelto y a quienes se les llama «muchacho». Tenía un aire a los años cincuenta, con sus edificios entablados y encalados, hierba verde y amables carteles en los que no te prohíben hacer esto o aquello, pero sí te dan a entender que está mal visto. Me pareció un lugar con mucho encanto, y encima aprendimos mucho sobre los esturiones. Multnomah Falls — David Szmidt Multnomah Falls es la atracción natural más popular de esta zona de Estados Unidos — David Szmidt Tras otros 15 minutos por la autovía, llegamos al aparcamiento que, en medio de la carretera, te ofrece las mejores vistas a Multnomah Falls, la atracción natural más visitada del Pacific Northwest con 189 metros de altitud. Por suerte, no estaba abarrotado aquella tarde de octubre, porque había espacio de sobra para pasear, hacer fotos y comentar lo increíble que puede resultar algo tan sencillo como ver el agua caer. Todo sea dicho: como lugar turístico está muy bien pensado, ya que el marco natural de las cascadas va estéticamente acompañado de un puente de piedra. Los carteles eran breves e informativos, una vez más. Un serpenteante sendero te invitaba a ascender a lo alto del acantilado, pero no nos apetecía mucho, así que nos contentamos con visitar alguno de los miradores a menor altitud antes de volver al coche. Mis dos primeros días en Portland estaban siendo increíbles, pero la cosa no había hecho más que empezar. ¿Qué me deparaba el resto de mi viaje? ¡Haz clic aquí para ver la segunda parte de la aventura de David en el sendero de Oregón!