La otra cara de Roma

Descubre el lado de la ciudad que no te enseña ningún guía turístico

Evitar los sitios turistificados en Roma puede parecer una tarea difícil. La gran capital de la belleza italiana es, y con méritos incuestionables, una de las ciudades más visitadas del mundo. Icónica, histórica, caótica y bellísima, Roma es como un dinosaurio, una bonita criatura mastodóntica que se mueve –muy- lentamente.

Si hiciéramos un ránquing de ciudades hedonistas, sin duda Roma estaría entre las top 5 de la lista — Alexander Mazurkevich / Shutterstock La otra cara de Roma
Si hiciéramos un ránquing de ciudades hedonistas, sin duda Roma estaría entre las top 5 de la lista — Alexander Mazurkevich / Shutterstock

Roma se nutre de su pasado glorioso y se explica en base a él. De ahí su belleza inacabable y su patrimonio desbordante, Roma tiene una sensación poco habitual de armonía.

Si hiciéramos un ránquing de ciudades hedonistas, sin duda Roma estaría entre las top 5 de la lista. Parece estar diseñada para el placer del homo sapiens. En Roma se contempla, se pasea, se come, pero sobretodo se disfruta.  Dejando de lado consideraciones de carácter filosófico, realmente sería un auténtico pecado construir una ruta por Roma obviando el Colisseo, el Pantheon o el Vaticano.

Suponiendo que uno ya ha podido deleitarse con los platos principales de la capital italiana, qué sabemos de la periferia romana?

El barrio universitario de San Lorenzo, perfectamente delimitado por los cuatro costados, es un pequeño microcosmos lleno de estudiantes Erasmus y locales   — Francesco Cantone / Shutterstock La otra cara de Roma
El barrio universitario de San Lorenzo, perfectamente delimitado por los cuatro costados, es un pequeño microcosmos lleno de estudiantes Erasmus y locales — Francesco Cantone / Shutterstock

Pocos conocen el barrio universitario de San Lorenzo, cortado por las incómodas vías de la estación de Termini – la más importante de la ciudad. El pequeño barrio romano, perfectamente delimitado por los cuatro costados, fue uno de los barrios más castigados durante la segunda Guerra mundial, y actualmente es un pequeño microcosmos lleno de estudiantes Erasmus y locales.

Ahí uno puede comer uno de los supplì más ricos de toda la ciudad, el que hacen en la pizzería La Casetta, un local austero donde comer una auténtica pizza romana alrededor de los 6 euros. El supplì, esa croqueta de arroz, salsa de tomate y corazón de mozzarella, es un aperitivo perfecto antes que hincar el diente a la pizza. Es tan típicamente romano como la pasta cacio e pepe, una receta sencilla y sabrosa que combina el queso pecorino (de la pecora, oveja) con el pepe (pimiento negro molido). Fácil y delicioso.

Uno de los mejores sitios para saborear esta receta típicamente romana es en Capo de Fero – un restaurante rara avis en pleno Trastevere – donde monjas y curas son clientes habituales.

Uno de los mejores sitios para saborear esta receta típicamente romana es en Capo de Fero – un restaurante rara avis en pleno Trastevere – donde monjas y curas son clientes habituales. — Shutterstock
Uno de los mejores sitios para saborear esta receta típicamente romana es en Capo de Fero – un restaurante rara avis en pleno Trastevere – donde monjas y curas son clientes habituales. — Shutterstock

En San Lorenzo, las opciones para tomar una pizza son asombrosas. En un espacio relativamente pequeño se acumulan multitud de opciones donde probar una pizza de estilo romano (masa fina y bordes ligeramente quemados). Ninguna de ellas es una mala opción, Roma aún es de esas ciudades que permite ir relativamente a ciegas a la hora de entrar en un restaurante.

Asimismo, hay algunas pizzerías que ya sea por historia como por calidad, merecen una mención especial. Es el caso de la Formula 1 – local ambientado en el deporte automovilístico – y Da Armando – auténticas pizzas de masa fina. Para los que se encuentren en un paseo al centro, es de visita obligada La Montecarlo. Todo elogio a ese mito romano será corto para definir la magnitud de la bacanal que os espera si entráis en esta trattoria. Cualquier opción es buena; desde las pizzas que sobresalen del plato, hasta las bandejas de pasta carbonara, cacio e pepe o amatriciana.

Pero una visita a Roma no sería completa sin el postre italiano más extendido, el helado. Mas allá de los clásicos como el tradicional Giolitti hay un sitio que hará las delicias de cualquier aficionado al helado. Su nombre, Palazzo del freddo, es un indicador de lo que allí encontraremos. Un local enorme, con unos ventanales donde entra una luz fantástica, en el que el visitante podrá escoger una variedad de sabores ciertamente fascinante.

Probablemente es una de las mejores heladerías de Roma. Se encuentra en uno de los barrios menos visitados, el Esquilino, repleto de hostales de última hora y edificios con ese toque decadente tan típicamente romano.

Al lado de éste barrio poco transitado por el turista, encontramos uno de los barrios de moda de la capital: Monti. Qué decir de Monti, un minúsculo encaje de calles empinadas, un simpático mural de Totti, sampietrini, y una de las plazas más encantadoras de la ciudad: la Piazza della Madona dei Monti. Explorar éste pequeño rincón de la ciudad será, probablemente, una de las sorpresas más agradables del viaje.

Roma tiene una característica particular, para conocerla el visitante tendrá que caminar, y mucho. Debido a la prácticamente inexistente presencia de transportes públicos – sólo hay dos líneas de metro – y a su verdadera riqueza patrimonial, vale la pena que para descubrirla, el visitante ejercite las piernas. Pero, a parte de recorrer pacientemente las calles resiguiendo rutas innumerables, donde podremos hacer la digestión?

Otra sorprendente mancha verde es la más céntrica Villa Borghese — Shutterstock La otra cara de Roma
Otra sorprendente mancha verde es la más céntrica Villa Borghese — Shutterstock

Los parques son una opción ideal. Aunque no lo parezca, Roma tiene varias opciones verdes donde tumbarse tranquilamente después de un copioso plato de pasta. Villa Ada, al norte, es un magnífico parque arbolado de 180 hectáreas cuyos orígenes se remontan… exacto, a la época romana.

Otra sorprendente mancha verde es la más céntrica Villa Borghese. Su bucólico lago con pequeñas barquitas y su vegetación mediterránea son un auténtico placer. Además, en su interior se encuentra la Galeria Borghese, con grandes como Caravaggio o Bernini.

Pero si hay un parque imprescindible éste es Villa Doria Pamphilj. Situado fuera de las antiguas murallas, el parque más grande de la ciudad es uno de los espacios más genuinos de Roma. Su impresionante villa – que perteneció a la familia de los Algardi y Grimaldi en el siglo XVII – es realmente espectacular para entender el periodo de esplendor aristocrático en el país alpino. Pasearse por éste impresionante parque agreste y mediterráneo es como trasladarse a la Roma del seicento, época de efervescencia artística y pictórica de la cultura italiana.

Para aquellos que busquen una aproximación bien distinta de la ciudad, les invito a que bajen hasta el EUR, el desconocido barrio cuadriculado — Shutterstock La otra cara de Roma
Para aquellos que busquen una aproximación bien distinta de la ciudad, les invito a que bajen hasta el EUR, el desconocido barrio cuadriculado — Shutterstock

Y finalmente, una recomendación menos convencional. Para aquellos que busquen una aproximación bien distinta de la ciudad, les invito a que bajen hasta el EUR, el desconocido barrio cuadriculado. Construido por Mussolini en los años treinta, éste barrio se caracteriza por la tradicional arquitectura monumental e impersonal, típica de los periodos fascistas. Además, aquellos que quieran desintoxicarse de la omnipresencia romana, podrán conocer la Roma antes de los romanos en el Museo Nazionale Preistorico Etnografico Luigi Pegorini, toda una rareza.