Hay muchísimo por descubrir en Turquía, más allá de los resorts turísticos de la costa : es un país enorme y diverso que ha tenido un gran protagonismo en la historia de la civilización europea . Si tú también piensas que este año toca un viaje de los grandes, échale un ojo a este itinerario que empieza en Estambul, en el extremo occidental del país, y se convierte en un viaje de descubrimiento por el interior y lo mejorcito de Turquía.
Estambul
Estambul es una ciudad monumental, radiante y llena de vida — Shutterstock
¿Qué mejor ciudad para iniciar tu aventura turca que Estambul? Por algo es el cuarto destino más reservado en la historia de Kiwi.com … ¡algo tendrá! Estambul es un centro neurálgico de transporte aéreo, así que muy probablemente aterrices en alguno de los dos bulliciosos aeropuertos que tiene la ciudad: el Aeropuerto de Estambul (no se complicaron mucho con el nombre) en la parte europea de la ciudad, o el Aeropuerto Internacional Sabiha Gökçen en la parte asiática .
Una vez en la ciudad, pronto te darás cuenta de lo gigantesca que es Estambul. Es realmente inmensa. Sus casi 16 millones de habitantes la convierten en una ciudad bastante más grande que cualquier otra que se encuentre enteramente en Europa (de hecho, es más grande que cualquier otra que esté mitad dentro, mitad fuera de Europa). Pero no dejes que eso te intimide: cuanto más grande sea la ciudad, más experiencias inolvidables podrás vivir en ella, ¿verdad?
Santa Sofía — Shutterstock Sin duda. Con sus siglos y siglos de historia turbulenta
, los vestigios del pasado son omnipresentes en Estambul. Una reliquia que no te puedes perder es Santa Sofía: una iglesia convertida en mezquita, convertida después en museo y de nuevo en mezquita, construida inicialmente en el año 537 d. C. Es el plato fuerte de la ciudad. Otro es el palacio de Topkapı, una de las opulentas residencias de los sultanes otomanos. También está el palacio de Dolmabahçe, centro del poder otomano más tardío. Y luego tienes la columna de Constantino, la Mezquita Azul, la Cisterna Basílica, las murallas de Constantinopla, el Gran Bazar… La lista es interminable. Si quieres llegar a verlo todo a un ritmo relativamente pausado, deberías pasar una semana en la ciudad.
Balat es una auténtica delicia visual — Shutterstock Si andas buscando algo fuera de lo común
, pon rumbo al distrito de Balat. Sabrás que has llegado cuando empieces a ver gatos por todas partes, paseando por callejuelas estrechas con espigadas casas dispares llenas de color: toda una delicia policromática. Bucea entre las pequeñas tiendas de antigüedades y aprovecha los magníficos cafés para descansar de tu itinerario turístico, y después descubre el verdadero sentido de la palabra «relajación» en un hamán, el tradicional baño turco.
Esmirna
A Esmirna se la conoce como «La perla del Egeo» — Shutterstock Eso es todo en cuanto al lado europeo
de Turquía (que solo abarca el 3,4 % de la superficie del país, aunque en él vive el 15 % de la población), porque ahora viajamos hacia el sur, a nuestra primera escala totalmente asiática: la ciudad costera de Esmirna. La perla del Egeo, como se la conoce, es la tercera ciudad más grande de Turquía y una que realmente no te puedes perder. En comparación con Estambul, el ambiente de Esmirna es más moderno y relajado. Tiene muchas playas
de arena en las que se mezclan lugareños y turistas para relajarse bajo un sol radiante y olvidarse del estrés cotidiano. Incluso puedes hacer una excursión en barco: toma asiento, relájate y deja que te encandile la belleza de las bahías y cuevas marinas. No te vayas sin ver Asansör, uno de los símbolos de la ciudad. Asansör significa «ascensor» en turco, y eso es exactamente lo que es: un ascensor construido a principios del siglo XX cuya finalidad era, originalmente, la de permitir el transporte de personas y mercancías entre la costa y lo más alto de los acantilados. Sube por la torre y disfruta de unas increíbles vistas de la ciudad
y la escarpada topografía del horizonte.
El Ágora de Esmirna — Shutterstock Alsancak es una de las zonas más vibrantes y cosmopolitas de la ciudad: estupenda para ir de compras, está repleta de hoteles, restaurantes, bares y discotecas a la última moda. Recorre el pintoresco paseo marítimo y cena mejillones frescos rellenos de arroz (una popular delicia local
) antes de disfrutar de una noche de fiesta en buena compañía. Por último, si tu estancia en Estambul te ha dejado con ganas de más historia
, en Esmirna también tienes mucho donde elegir. Las ruinas romanas del Ágora de Esmirna están justo en el centro de la ciudad. Igual que Kızlarağası Hani, una grandiosa posada construida por los otomanos y recuperada en la década de 1990 como bazar. Otro lugar muy especial es Éfeso, patrimonio mundial de la Unesco
y yacimiento de unas magníficas ruinas de la Antigua Grecia
. Está a unos 80 km al sur de la ciudad, así que puede ser una agradable parada de camino a tu siguiente destino…
Pamukkale
El «castillo de algodón» es una de las maravillas naturales de Turquía — Shutterstock Seguimos hacia Pamukkale, todavía en el oeste del país, pero más hacia el interior; desde Esmirna o Éfeso puedes llegar en autobús, tren
o coche. Aunque el viaje no dura un día entero, sí es bastante largo… pero todo habrá merecido la pena cuando veas la espectacular maravilla de la naturaleza que te espera al final del trayecto. La localidad de Pamukkale («castillo de algodón») debe su nombre a las terrazas colgantes de travertino formadas por agua geotérmica rica en minerales. Las terrazas también han sido declaradas patrimonio mundial de la humanidad por la Unesco, y con razón. Probablemente nunca hayas visto nada igual (a menos que hayas estado en Egerszalók, en Hungría
). Un pequeño aviso: siempre hay, en momentos determinados, siempre hay algunas zonas de los escalones que se consideran demasiado delicadas para pisar sobre ellas, así que se acordonan y se cierran a las visitas. Además, el agua mineral de las terrazas no es lo suficientemente profunda como para sumergirse por completo
, pero ahí es donde entra en juego la «piscina sagrada».
Ruinas romanas en el fondo de la piscina sagrada — Shutterstock La piscina sagrada está en el centro termal romano colindante de Hierápolis (solo un poco más arriba desde Pamukkale). Para que no te despistes, ten en cuenta que a la «piscina sagrada» también se la suele llamar «piscina antigua», debido a que está rodeada de antiguas ruinas como la piscina de Cleopatra, que presuntamente le regaló Marco Antonio. Llámalo como quieras pero no te marches sin entrar en el agua: disfruta nadando entre las columnas romanas y empápate de sus bondades minerales.
Capadocia
Capadocia posiblemente sea lo más parecido a la luna que hay sobre la Tierra — Shutterstock La región histórica de Capadocia está justo en el centro de Turquía. La forma más sencilla de llegar a ella desde Pamukkale es en un autobús nocturno. ¿Y para qué vas a pasar unas ocho horas en autobús? En pocas palabras, muy probablemente vayas a vivir la experiencia que más se parezca a un viaje a la luna. Capadocia es famosa por sus impresionantes paisajes de otro mundo. Los elementos llevan milenios esculpiendo la piedra volcánica
de la región hasta formar inusuales picos que se conocen como «chimeneas de hadas». Y es que aquí todo parece sacado de un cuento de hadas: no hay ningún otro lugar del país con el mismo aire sobrenatural. Las civilizaciones que han pasado por aquí llevan mucho tiempo aprovechando la versatilidad geológica de estas rocas, convirtiendo los picos de aspecto lunar en casas e iglesias. Todavía vive gente en algunos de ellos, aunque muchos se han convertido en hoteles. Por cierto, no podrías elegir mejor alojamiento. Una actividad imprescindible en Capadocia es una excursión en globo. Las vistas ya son impresionantes desde el suelo, pero ver toda la región desde el cielo es algo verdaderamente espectacular. Reserva tu plaza para salir temprano por la mañana y contemplar la luz del amanecer
bañando las formaciones volcánicas con deslumbrantes tonalidades rosas y naranjas.
¿Te has preguntado alguna vez cómo sería estar en el interior de una esponja? — Shutterstock Y no es la única gran experiencia que puedes vivir allí. La región tiene mucho para ofrecer, incluyendo rutas de senderismo, equitación
, museos al aire libre y catas de vino
. Si lo quieres probar todo, tendrás que quedarte al menos cuatro noches. Independientemente del tiempo que te quedes en Capadocia, además de la excursión en globo hay otra cosa que no te puedes perder: una ciudad subterránea. A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que Turquía es un país absolutamente impregnado en historia antigua, y en Capadocia hay varios asentamientos subterráneos construidos hace miles de años… un proceso facilitado por la naturaleza blanda de la roca. Dos de los asentamientos más visitados son Derinkuyu y Kaymaklı, donde puedes hacer un tour guiado para descubrir decenas de túneles que se abren a salas que solían usarse para dormir, educar, criar animales, orar y todas las demás actividades cotidianas. Es un lugar alucinante (y bastante fresco, así que trae una chaqueta), donde tendrás la curiosa sensación de estar dentro de una enorme esponja.
Ankara
Tejados de terracota en la ciudadela alrededor del castillo de Ankara — Shutterstock A unos 280 kilómetros de Capadocia (bastante cerca tratándose de Turquía) está Ankara. A pesar de que muchos turistas la pasen por alto, la capital cosmopolita
de Turquía bien merece una visita, aunque sea una estancia de un día antes de volar de vuelta a casa. Es conocida por sus sitios históricos (¡sorpresa!), modernos centros comerciales, y por ser más verde
, distendida y organizada que Estambul. Probablemente la zona más atractiva de la ciudad sea la ciudadela, donde las calles adoquinadas están flanqueadas por cafés pintorescos y tiendas bohemias que puedes seguir hasta el castillo de Ankara y su muralla. La bandera nacional ondea orgullosa en lo alto del castillo, en cuyos terrenos se colocan talentosos músicos callejeros para tocar sus versiones de las más tradicionales canciones populares turcas. Para que no te quepa duda de que sigues en Turquía.
Anıtkabir, la tumba de Atatürk — Shutterstock Si te queda tiempo puedes visitar Anıtkabir, el mausoleo de Atatürk, fundador de la República Turca y antiguo presidente hasta su muerte en 1938. No te pierdas el Museo de las Civilizaciones de Anatolia, una de las atracciones más importantes y extensas de todo el país, que exhibe artefactos que datan de la Edad de Piedra hasta la actualidad. Y justo antes de poner rumbo al aeropuerto, pasea por el vasto parque de Gençlik y siéntate para disfrutar de una cervecita y relajarte
mientras ves el mundo pasar y meditas sobre lo alucinante que ha sido tu recorrido por Turquía.
Menciones de honor: Trabzon y Dalaman
El monasterio de Sumela se construyó en un acantilado hace casi 2000 años — Shutterstock
Puede que Trabzon, en la costa del Mar Negro, esté un pelín lejos para este itinerario, pero si te apetece visitarlo hay vuelos regulares rápidos desde Estambul o Esmirna. Enclavada entre montañas imponentes, esta ciudad con una población de unos 300 000 habitantes debe sus influencias multiculturales a su ubicación sobre la Ruta de la Seda. Trabzon es un lugar encantador de por sí, con una ambiente relajado y lugareños acogedores, además de ser un gran destino si te gusta comer pescado. Pero su principal atractivo es el cercano monasterio de Sumela, una edificación griega ortodoxa de aspecto escalofriante, construida a unos 1200 metros de altura en el lateral de un escarpado acantilado. Construido en el año 386, el monasterio es objeto de frecuentes obras de mantenimiento para poder recibir a visitantes, así que no te preocupes: aunque esté escandalosamente alto, es perfectamente seguro. Por último, si lo que quieres es sencillamente sol y playa, de todos los enclaves turísticos de las costas turcas te recomendamos muy especialmente la zona de Dalaman. Haz clic aquí para descubrir por qué es tan especial. ¿Te ha gustado este artículo? En Kiwi.com Stories encontrarás más inspiración para viajar.










